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26/07/2026
Los asentamientos ocultos de jóvenes migrantes entre Getxo y Berangos. El director de Pertsonalde analiza las causas que los empujan a esta situación y plantea un modelo de acogida más completo
Es una noticia de DEIA:
El rumor de los vehículos que transitan por la BI-637 casi se impone al canto de los pájaros. Es el único signo de civilización que delata que, tras la linde de esta zona boscosa, en el límite entre Getxo y Berango, hay niños entrenando en el polideportivo de Fadura, mayores paseando por los Chopos o cuadrillas tomándose un pote en los bares de la zona. Todos ellos viven su día a día ajenos a una realidad paralela: la de un puñado de jóvenes migrantes, convertidos a la fuerza en hombres del bosque, que habitan este paraje en asentamientos informales, ocultos entre los árboles.
La escena se repite en otros puntos de Bizkaia. En el barrio bilbaíno de Olabeaga, un solar sin edificar, parcialmente cubierto por la maleza, alberga un pequeño campamento en el que varios jóvenes malviven en condiciones precarias. En los dos últimos años se han localizado, además, otros asentamientos junto al estanque que une Leioa y Astrabudua o en las faldas de Artxanda.
Es difícil determinar cuántos existen en el territorio, aunque el director de la Asociación Pertsonalde, Asier Arpide Etxano, estima que solo en el área comprendida entre Getxo y Berango sobreviven alrededor de 60 personas en este tipo de estructuras. "Y ya si hablamos de infravivienda, esa cifra se puede multiplicar, porque también hay personas que consiguen acceder a un alquiler, eso sí, en sitios en los que cualquiera de nosotros no nos meteríamos ni con los ojos cerrados", denuncia.
"Muchos de los servicios están orientados a la información, pero no ofrecen alternativas residenciales"
Arpide, licenciado en Psicología y experto en intervención social, subraya, no obstante, que los primeros años de muchas de estas personas en Bizkaia transcurren en situación de sinhogarismo. Durante ese tiempo, se ven abocadas a instalarse en campamentos improvisados en zonas boscosas próximas a los núcleos urbanos. Las causas que explican esta realidad son múltiples, aunque señala la legislación de extranjeríacomo una de las más importantes. “Quienes llegan de forma irregular, sin visado, carecen de permiso de residencia y trabajo, lo que dificulta enormemente el acceso a condiciones de derecho de ciudadanía”, explica.
A ello se suma, en muchos casos, el desconocimiento del idioma, que complica su integración y la creación de una red de apoyo. El tercer factor, apunta, es la falta de recursos de acogida adaptados a este perfil. "Muchos de los servicios están orientados a la información, pero no ofrecen alternativas residenciales", resume. Por todo ello, muchas personas se ven abocadas a pasar largas temporadas en la calle o en asentamientos improvisados mientras logran estabilizar su situación.
Esta realidad, sin embargo, no es representativa del conjunto de la población migrante que reside en el territorio. De hecho, según Arpide, alrededor del 85% de las personas que habitan estos campamentos responden a un perfil muy concreto: hombres de entre 18 y 35 años de origen norteafricano, principalmente de Marruecos y Argelia. "La mayoría de las personas migrantes que llegan al País Vasco lo hacen con sus visados en regla, muchas de ellas procedentes de Latinoamérica”, concreta.
El dominio del idioma, añade, facilita que encuentren vías de trabajo y, aunque a menudo sean informales por la imposibilidad de acceder a una contratación, “les permiten vivir con mayor normalidad y no verse abocadas a las circunstancias que sí afectan a este colectivo", remacha el psicólogo.
Racismo inmobiliario, una dificultad añadida
Por el contrario, en el caso de estos jóvenes, sufragar los gastos derivados de una vivienda resulta, en principio, imposible. Pero cuando ya han avanzado en sus procesos de incorporación y son capaces de sostener una posible vivienda, se topan con un obstáculo más: el racismo inmobiliario. "No es un problema que afecte exclusivamente a este colectivo, pero sí les golpea con especial intensidad. A determinados sectores de la población se les veta directamente, sin preguntar siquiera si tienen recursos. Ya sea por el acento o por su apariencia física, muchas veces se les dice que la vivienda por la que se interesan ya ha sido alquilada, cuando en realidad no es así", denuncia.
La consecuencia es la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, una situación que, según recuerda el experto en intervención social, hunde sus raíces en un mercado inmobiliario que ha dejado de responder "a una necesidad básica del ser humano" para convertirse en un negocio especulativo.
Los problemas, pues, parecen claros. Pero ¿qué soluciones plantea Arpide para mejorar las condiciones de vida de estas personas? A su juicio, el primer paso pasa por reestructurar la cartera de recursos de acogida existente. "Habría que dimensionar una serie de servicios a los que se pudiera acceder por derecho subjetivo de ciudadanía, una vez acreditado un tiempo de empadronamiento y la voluntad de desarrollar un proyecto de vida en ese municipio", propone.
El psicólogo también defiende la creación de una red mínima de recursos habitacionales. No se trata, aclara, de facilitar una vivienda permanente, sino de ofrecer un alojamiento temporal que permita cubrir las necesidades básicas mientras la persona avanza en su proceso de integración. "Ese recurso debe facilitar, además, el acceso a servicios comunitarios relacionados con el aprendizaje del idioma, la creación de redes sociales, el conocimiento del entorno, el ocio o el empleo", sostiene.
Una propuesta que contrasta con la realidad actual. Según el director de Pertsonalde, la red de atención existente se limita, en la práctica, a recursos de urgencia que, además, no están dimensionados para cubrir las necesidades de todos los municipios. "Si estuvieran dimensionados en función de la población de cada una de las localidades, se generaría mucha menos presión y ganaríamos capacidad, primero, de acogida y, segundo, de construcción de itinerarios", argumenta.
Hacia la Ley Vasca de Acogida
Según el director de Pertsonalde, la red de atención existente se limita, en la práctica, a recursos de urgencia que, además, no están dimensionados para cubrir las necesidades de todos los municipios
Según el director de Pertsonalde, la red de atención existente se limita, en la práctica, a recursos de urgencia que, además, no están dimensionados para cubrir las necesidades de todos los municipios
En ese sentido, considera que la línea de trabajo impulsada por el Ayuntamiento de Getxo, en colaboración con diferentes agentes sociales, entre ellos Pertsonalde, podría convertirse en un modelo a seguir. El Consistorio ha puesto en marcha un programa pionero de atención a las personas en situación de vulnerabilidad que, pese a sus limitaciones, supone un primer paso hacia un sistema de recursos más dimensionado y adaptado a las necesidades de este colectivo.
El objetivo ahora, explica Arpide, es ampliar el alcance del proyecto para extenderlo a otros municipios y, eventualmente, al conjunto de Euskadi. "Estos pequeños proyectos demuestran que no es algo imposible. Si este modelo de acogida se convirtiera en una política a escala de Euskadi y pudiera replicarse en distintos territorios, municipios y mancomunidades, se construiría una red sólida, estructurada y con capacidad para atender a muchas más personas. Y, sobre todo, se reduciría enormemente el sufrimiento de quienes llegan y el impacto social de esta realidad", defiende.
Todo ello, puntualiza, no resta valor al trabajo comunitario realizado desde la sociedad organizada. Es más: Arpide considera que la comunidad es un agente clave e indispensable en los procesos de integración de estos jóvenes. “Es importante que la Administración asuma responsabilidades necesarias para el ejercicio de derechos de estos nuevos ciudadanos, pero es igualmente necesario que la comunidad acepte, se relacione y conviva con estos nuevos ciudadanos desde la cercanía, la confianza y la posibilidad de construcción conjunta”, concluye.
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